En las comunidades rurales de Yucatán, el acceso a herramientas financieras y oportunidades de generación de ingresos ha sido históricamente limitado. Sin embargo, en Chikindzonot y Chan Chihimilá, un grupo de mujeres ha demostrado que la organización y la educación financiera pueden transformar vidas. A través del proyecto “Fortalecimiento integral de los medios de vida e inclusión financiera de mujeres mayas en Chikindzonot”, financiado por Fundación Kellogg e implementado por Fundación Ko’ox Taani, estas mujeres han fortalecido sus capacidades en ahorro, producción, comercialización y desarrollo personal, dando pasos firmes hacia un futuro más estable.

El proyecto, diseñado con base en el modelo de graduación, se implementó en un periodo de dos años y trabajó sobre cuatro ejes fundamentales: educación financiera, medios de vida, desarrollo humano y seguridad alimentaria. A través de este enfoque integral, las participantes no solo aprendieron a administrar su dinero y generar ingresos, sino que también fortalecieron su autonomía y confianza en la toma de decisiones dentro de sus hogares y comunidades.

En la gráfica se puede observar la diferencia de las aportaciones de las mujeres para beneficio del hogar, lo cual representa un logro tangible.

El proceso no ha estado exento de desafíos. La formación de comités dentro de los grupos de ahorro fue inicialmente un reto, ya que muchas mujeres dudaban en asumir roles de liderazgo. Sin embargo, con el paso del tiempo, la rotación de los comités ha permitido que más participantes se involucren en la toma de decisiones, fortaleciendo la organización y la autonomía dentro de los grupos.

Otro aprendizaje clave ha sido la importancia de la educación financiera para reducir la dependencia de prestamistas externos. Muchas mujeres, que antes recurrían a agiotistas locales, han logrado construir estrategias de ahorro y préstamo dentro de sus propios grupos, con reglas claras y beneficios compartidos. “No se trata de hacer más ricos a los ricos del pueblo, sino de apoyarnos entre nosotras”, compartió una participante.

Uno de los talleres más enriquecedores dentro del programa fue “Poniendo luz a mi proyecto”, donde las socias identificaron los obstáculos que enfrentan en sus negocios y trabajaron en estrategias para superarlos. La reflexión colectiva permitió visualizar los altibajos del emprendimiento como parte del proceso de aprendizaje, utilizando analogías como el laberinto o la montaña rusa para ilustrar los desafíos y oportunidades en sus proyectos. A continuación se presenta la diversidad de emprendimientos:

El impacto del proyecto no solo se ha reflejado en la economía de las participantes, sino también en su estado de ánimo y percepción de sí mismas. Muchas han expresado sentirse más seguras y motivadas para seguir trabajando en sus proyectos y contribuir al bienestar de sus familias.

El proyecto “Fortalecimiento integral de los medios de vida e inclusión financiera de mujeres mayas en Chikindzonot”, financiado por Fundación Kellogg, demuestra que, con el acceso a herramientas adecuadas y un acompañamiento constante, las comunidades pueden generar cambios sostenibles y significativos. La experiencia de estas mujeres es un ejemplo de cómo la educación financiera y la organización comunitaria pueden abrir nuevas oportunidades, fortaleciendo la resiliencia y la autogestión de quienes buscan un futuro más próspero.