
Los días 26 y 27 de mayo, Mérida fue sede del Encuentro de Organizaciones de la Sociedad Civil con Procesos de Ahorro Comunitario, un espacio para compartir experiencias, aprendizajes y retos entre instituciones que trabajan con familias y comunidades rurales e indígenas en distintas regiones del país.
El encuentro fue resultado de un proceso de diálogo iniciado meses atrás en el marco de Sembrando Alianzas, iniciativa impulsada por la Fundación W. K. Kellogg. Desde noviembre de 2025, distintas organizaciones comenzaron a reunirse de manera virtual para conversar sobre temas como la formación de grupos de ahorro, su gestión interna, la sostenibilidad de largo plazo y las posibilidades de articulación territorial.
En este proceso participaron organizaciones con experiencias y metodologías diversas, entre ellas Fundación León XIII, Heifer International México, Fundación Ko’ox Taani, Trickle Up, EDUCAMPO, Fundación Haciendas del Mundo Maya, la Unidad de Proyectos Sociales de la UADY, Fondo para la Paz, Fundación Patronato Pro Zona Mazahua, El Buen Socio y Handmade to Market.
Aprender de experiencias diferentes
Durante la primera jornada, realizada en Mérida, las organizaciones presentaron sus metodologías y algunos de los aprendizajes construidos en sus territorios. Posteriormente se desarrollaron mesas de trabajo sobre cuatro temas: construcción de confianza al iniciar los grupos, gestión y resolución de conflictos, sostenibilidad de los grupos y articulación entre organizaciones.
Uno de los principales aprendizajes fue reconocer que no existe una sola forma de trabajar el ahorro comunitario. Cada organización ha desarrollado estrategias propias, adaptadas a las comunidades con las que trabaja. Sin embargo, aparecieron elementos comunes: la confianza, reglas claras, liderazgo local, participación y autonomía progresiva de los grupos.
También hubo una coincidencia importante: el ahorro puede ser mucho más que una herramienta financiera. En distintos contextos se convierte en un punto de partida para fortalecer la organización, desarrollar emprendimientos, mejorar la economía familiar y construir redes de apoyo.
Aprender también desde el territorio
La segunda jornada permitió llevar estas conversaciones a las comunidades. Las organizaciones visitaron experiencias en Mayapán, Tixméhuac, Chicán y Kinil, donde pudieron dialogar directamente con mujeres y familias participantes de grupos de ahorro.
En Chicán, más de 150 mujeres y personas con discapacidad participaron en un encuentro regional que permitió mostrar procesos con una trayectoria de más de diez años. Algunas de las participantes formaron parte del primer pilotaje del enfoque de graduación implementado en México por Ko’ox Taani con la transferencia metodológica de Trickle Up.
En Kinil, las organizaciones conocieron una experiencia donde el ahorro se articula con emprendimientos y procesos de fortalecimiento económico familiar, observando directamente cómo los grupos pueden mantenerse activos durante varios años y avanzar hacia una mayor autogestión.
Tejer vínculos para seguir fortaleciendo comunidades
Más allá de compartir metodologías, el encuentro permitió reconocer capacidades complementarias y comenzar a imaginar nuevas posibilidades de colaboración: intercambios entre grupos, formación conjunta, comercialización, monitoreo y evaluación, investigación aplicada y articulación territorial.
El reto ahora es dar continuidad a este espacio y transformar los aprendizajes y vínculos construidos en acciones concretas. Cuando las organizaciones comparten lo que saben, también amplían las posibilidades de fortalecer el trabajo que se realiza junto a las comunidades.

